Querid@s lectores del blog del Larra,
El miércoles pasado, nuestra compañera, amiga y maestra, Ajo, visitó Figarillo para contarnos Las tres princesas pálidas y otros cuentos.
El cuentacuentos realizado por esta maestra tan especial no fue solo una actividad literaria, sino también, un viaje. Un viaje, de esos que comienzan con palabras y terminan sembrando semillas invisibles en el corazón.
Con su sensibilidad y su manera única de habitar cada historia, logró que Figarillo dejase de ser un aula, para convertirse en bosque, en mar y en cielo estrellado.
Su voz, serena y suave, nos guio como quien conoce las constelaciones y sabe orientarse incluso cuando arrecian las tempestades.
Tuvimos la suerte de escuchar a una luchadora incansable, de esas que persiguen utopías no como sueños lejanos, sino como metas posibles. Y eso percibimos en cada cuento narrado, pues en ellos: hay esperanza, hay verdad y hay compromiso.
Además, cuando llega a tierra firme, no descansa; pues se dedica a sembrar ilusiones. Y esas ilusiones germinan en forma de preguntas, de sonrisas y de miradas que brillan.
Su cuentacuentos no solo entretuvo, abrazó, despertó y recordó a cada peque que las historias no solo se escuchan, también se viven o escriben.
Sin duda, fue una experiencia mágica que nos dejó huella y que demuestra que enseñar también es un acto de valentía, ternura y amor.
¡Gracias Ajo, por aportarnos tanto!
Texto: Lucía D.V